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Aquest article aparegué ja fa un temps, no llarg, a “Info Católica” amb el títol de “HUMANIDADES OLVIDADAS” i que subscriu Magdalena Merbilhaa.

Tot és discutible, però em va parèixer bastant raonable després de tractar amb alumnes un poc majors i els seus pares. Lo primer que vaig notar és que tant a uns com els altres principalment al alumnes, davant una pregunta molt senzilla: demanar-los “ per què…” el raonament d’aquell assumpte era la manera de quedar-se fora de joc i que preferien una altra cosa que no fes patir tant el cap.

Quina quantitat d’alumnes deixaren els estudis per una feina!… i ara s’han trobat sense feina i sense estudis amb la gravetat de que els qui venguin de fora més qualificats, seran primer que ells.

També és ver que molts amb grans estudis no tenen feina i que tot això no era previsible. Així i tot els qualificats seguiran tenint preferència dins tota la Comunitat Europea, però encara hi ha joves que esperen que els ho donin tot fet, sense cercar ni pensar alguna iniciativa per poder viure… dic per poder viure perquè somniar amb una cosa podria quedar-se en somni… És necessari saber arriscar-se un poc per viure…

Com es pot entendre, me contava un pare aquests dies, que un matrimoni casat tenint feina els dos no hagi sabut estalviar per pagar una factura de la reparació del cotxe i continuar vivint tant guanyat, tant gastat? Quina manera de viure és aquesta…?

El mundo actual pareciera solo valorar aquellas cosas que le entregan una utilidad inmediata. Teniendo en cuenta esa dinámica, ha dejado de lado todo aquello calificado como inútil y sumamente teórico, alejado de lo práctico. Es por eso que ha olvidado el valor de las humanidades y se ha enfocado en las disciplinas prácticas, que entregan beneficios inmediatos a quien participa en ellas.

Todo pareciera ser un círculo perverso, ya que un mundo sin humanidades es un mundo menos humano, menos habitable y sin duda menos feliz. Todos, por el hecho de ser seres humanos, somos humanistas. Nos han mentido al obligarnos tempranamente en el colegio a definirnos como «humanistas» o «científicos». Fragmentar al ser humano no es una buena idea y tampoco es casual. Ya en el siglo XIX, tras las leyes de instrucción primaria obligatoria, el gobierno inglés se enfocaba en enseñar las tres R: Reading, Writing and Arithmetic (leer, escribir y aritmética). Todo el foco se ponía en la lectoescritura, ya que se quería formar gente útil, pero no pensante. Se aclaraba que era necesario minimizar las humanidades, ya que de estas nacen la conciencia personal y la social, cosas consideradas peligrosas.

Hoy, en un mundo ensimismado por medir todo, incluso lo inmedible, todo se enfoca en los resultados. Los colegios, para responder a las famosas pruebas estandarizadas, se centran, igual que ayer, en las matemáticas y lenguaje, lo medible, buscando buenos resultados. Las otras materias pasan a ser «el pariente pobre».

Educamos ciudadanos sin conciencia, ya que no es posible enfrentar el presente, ni dimensionar el futuro, si no se conoce el pasado. La historia, la filosofía, la literatura, entre otras disciplinas, no tienen una utilidad inmediata, pero sí ayudan a quien las atesora a tomar mejores decisiones y, ciertamente, a ser más feliz. No es casual que G. K. Chesterton definiera la tradición como «la democracia de los muertos». Es la forma de honrar, considerar y aprender de las experiencias pasadas para, exactamente, no errar.

Todo se enfoca en la utilidad, pero nos olvidamos de lo más útil, aquello que nos permite ser felices.

Todos queremos ser felices, es lo que buscamos con toda el ansia y todo el ser. Y eso se logra no tan solo con los conocimientos útiles y prácticos, sino con lo que nos eleva más arriba, acercándonos a lo trascendente. La felicidad solo se encuentra en lo infinito, y a eso se llega con la razón mediante un proceso de autodeterminación que solo se logra desde el pensamiento acabado, que nace de eso que hoy se considera «inútil».

Magdalena Merbilhaa